viernes, 22 de julio de 2011

Dadaab, la miseria del éxodo somalí




Cerca de 400.000 personas en un centro de acogida con capacidad para apenas 90.000. En el campo de refugiados de Dadaab (frontera entre Kenia y Somalia), la aritmética no falla. Cuerpos deshidratados. Miradas perdidas. Los datos son demoledores. Las rostros, también. Desde su creación hace veinte años, este centro de acogida se ha convertido en un infierno para sus huéspedes.

En la actualidad -según denuncia la organización Oxfam- pese a que el centro se encuentra al “máximo de ocupación”, al menos 2.000 nuevos refugiados continúan llamando cada semana a sus puertas. La mayoría de ellos (95%), procedentes de Somalia.

Aunque de “afortunados”, sus inquilinos tienen poco: De cada tres menores que se encuentran en el centro, al menos uno de ellos nunca ha recibido ningún tipo de vacuna. De igual modo, el 60% de los nuevos residentes es heredero de algún tipo de dolencia de un conflicto -el somalí-, que desde 1991 se ha cobrado la vida de al menos 700.000 personas.

Y la crisis no parece tener fin. Más aún, en un Estado acuciado con la peor hambruna en 20 años. Como asegura Gedi Mohamed, director del hospital de Dagahaley (uno de los tres complejos que junto a Ifo y Hagadera componen Dadaab), solo durante el mes de mayo, se registraron 308 partos en la maternidad -el doble que hace un año-, mientras que el número de niños enfermos y desnutridos aumenta rápidamente.

No en vano, el centro cuenta, a día de hoy, con al menos 800 niños bajo los efectos de la desnutrición (80 de ellos severa). Sin embargo, las miserias de Dadaab no se limitan tan solo a su exceso de población. Sumergido en el conflicto diario entre el Gobierno de Mogadiscio y los rebeldes islamistas, este punto geográfico se ha convertido, recientemente, en uno de los mayores centros de peregrinaje para los reclutadores de Al Shabab, considerada la rama de Al Qaida en la región.

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